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Las locas del TLC
La decisión del gobierno de abrir las puertas a la carne de vacas
mayores de 30 meses a cambio de que el gobierno de E.U. notificara al Congreso la
intención de firmar un TLC con Colombia, lo que efectivamente ocurrió el 24 de agosto,
es inaceptable y temeraria, por el peligro que entraña para la salud pública,
ya que esa carne es la que mayor riesgo tiene de ser portadora de la denominada
“enfermedad de las vacas locas” (Encefalopatía Espongiforme Bovina –BSE-), la cual
afecta el sistema nervioso central del ganado, es transmisible a los humanos y siempre es mortal.
El Ministro de Protección Social trató de justificar la decisión afirmando que “se tomarán todas las medidas
necesarias, a través del Invima, para eliminar cualquier riesgo para la salud” (Portafolio, agosto 25, p.7).
La verdad es que “eliminar cualquier riesgo” es imposible porque, como lo ha informado el propio
Departamento de Agricultura de E.U. –USDA-, el agente transmisor de la enfermedad –aún no completamente
caracterizado- no muestra una respuesta inmune en el huésped, lo que impide el desarrollo de tests de
diagnóstico en el animal. O sea que será prácticamente imposible determinar con plena seguridad si la
carne importada está o no envenenada.
Desde que se descubrió la enfermedad en Gran Bretaña en 1986, se han presentado más de 180.000 casos,
con referencia tanto a ganado bovino, como a ganado ovino, venados y alces. También se han detectado
variantes en gatos y minks. Lo que significa que el peligro es bastante generalizado.
Igualmente, hay evidencia científica de que la enfermedad es transmisible a los humanos. En éstos
las enfermedades de este grupo son, entre otras, la Enfermedad Creutzfeld-Jacob (CJD) y el Kuren,
el cual se dio en los aborígenes de Papua-Nueva Guinea, por haber sido caníbales. En Gran Bretaña,
por ejemplo, en 1996 se detectaron 10 casos de CJD y todos fueron asociados, como única explicación,
al consumo de carne bovina con BSE. Experimentos del Dr. Stanley Prusiner también han demostrado esta
conexión.
Como se ve, no se trata de un asunto de poca monta. Lo que está de por medio en la concesión hecha a
los E.U. para que se desencarten de las vacas viejas que no les reciben los países libres, es nada
menos que la salud de los colombianos. También la estabilidad del sector ganadero y de la industria
de alimentos, por el veto que muchos países seguramente impondrán a la compra de carne colombiana en
todas las formas, incluidos la carne fresca, los embutidos y los concentrados para aves y peces.
Otra razón para rechazar la claudicación del gobierno es que nadie puede garantizar que el TLC vaya a
ser aprobado por el Congreso de E.U., por dos hechos complementarios entre sí. El primero, que el TLC no
podrá ser votado antes del segundo trimestre del próximo año, ya que el Congreso actual no alcanza a
hacerlo este año y el nuevo sólo comenzará a ejercer funciones a finales de enero, debiendo dedicar
los primeros meses preferentemente a temas presupuestales. El segundo, que si en las elecciones de
noviembre se fortalecen los Demócratas, probablemente el TLC no pasará, pues aquellos son poco amigos
del libre comercio por considerar que afecta las fuentes de trabajo nacional y contarán con el apoyo
de un puñado de Republicanos dispuestos a defender intereses puntuales de su electorado. En Washington
se dice que para no forzar el voto Republicano, Bush quiere asegurar por lo menos 30 votos Demócratas
antes de llevar otro TLC a votación. En un ambiente polarizado, donde los ojos del partido Demócrata
están puestos en el desprestigio creciente del Presidente, esto se considera prácticamente imposible.
Recuérdese que la aprobación del CAFTA únicamente contó con 15 votos Demócratas.
Así que con su decisión el gobierno está corriendo el riesgo de quedarse con las vacas locas y sin el
TLC, lo que la opinión pública no le perdonaría. Mas si le suena la flauta y se queda con todo,
es claro que habrá un gran perdedor: la salud pública. Bastante daño se le hará a ésta con las
cláusulas del Tratado que demoran la oferta de medicamentos competidores económicos (de marca y genéricos)
y suben el gasto en salud de las familias y del Sistema de Salud, como para agregar la
amenaza de una enfermedad mortal.
Finalmente, la bienvenida a las vacas locas es la señal de que vendrán otras exigencias extra
tratado de E.U., abusando de la debilidad y la sumisión de nuestro gobierno, como ha sido el
denominador común de este proceso pletórico de chantajes y concesiones sin contraprestación.
Cuántas exigencias y cuáles, no lo se. Por lo pronto denuncio una que veo venir y que será otro
golpe fatal a la salud: la eliminación del control de precios de los medicamentos. Así se desprende
de una carta enviada por Afidro, el gremio de las multinacionales farmacéuticas, a los Ministros de
Comercio y de Protección Social con fecha julio 28, en la que les advierten que si el gobierno
persiste en un proyecto de control de precios que tiene preparado, “podría verse incurso dentro
de la tipificación de la expropiación indirecta”, lo que –agregamos nosotros- se traduciría en
demandas multimillonarias contra el Estado. Pero de esto nos ocuparemos en otro artículo.
Ojalá el Presidente y los Ministros, con el responsable de la protección social a la cabeza,
entiendan que su jueguito con la salud pública costará al ciudadano raso y al Sistema de Salud
“sangre, sudor y lágrimas”. ¡La salud no es negociable!
Bibliografía:
Prusiner, Stanley, 1995. The Prior Disease Scientific American, January 1995. pp: 30-37
APHIS-USDA Bovine Spongiform Encephalophaty, Overview. Consultado en
www.aphis.usda.gov
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